Revista Directa edición No.39, Entrevista Efrén Martínez, psicólogo y experto en comportamiento humano con más de 30 años de experiencia, acompaña a líderes y organizaciones en la construcción del bienestar y la conexión con su propósito de vida. En diálogo con Revista Directa, nos cuenta como estas facetas puede fortalecer la vida de los empresarios.
Revista DIRECTA: ¿Por qué considera que el propósito de vida es un factor determinante en el éxito de los líderes empresariales?
Efrén Martínez: El propósito de vida es un factor determinante en el éxito, porque quienes trabajan con propósito son más creativos, proactivos y tienen menos prejuicios. La Academia Americana del Corazón, hace una década, demostró que los líderes con propósito tienen menor riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, un líder centrado en el propósito no solo aporta valor a la sociedad, sino también impulsa la productividad de su equipo hasta en un 15%.
R.D.: En una de sus charlas afirmó que solo el 17% de los colombianos vive con propósito. ¿Qué factores distinguen a ese porcentaje de las demás personas?
E.M.: Hicimos un estudio hace poco con miles de colombianos y encontramos que el 51% de ellos consideraba que su vida no tenía ningún sentido; el 33% siguiente, que su vida a veces sí, a veces no. Es decir, tan solo un 17% vive conectado a la vida.
Lo interesante de ese 17% es que la mayoría percibe que su trabajo aporta algo positivo a la sociedad. Sentir que lo que hacemos genera bienestar da sentido a la vida. Otros factores, como la gratitud o los vínculos sanos, también influyen, pero trabajar con propósito es lo que realmente marca la diferencia.
R.D.: ¿Cómo puede un empresario alinear sus metas personales con los objetivos de su organización sin perder su esencia en el camino?
E.M.: El cumplimiento de las metas es lo que permite que una organización se mantenga en el tiempo. Cuando la empresa tiene un propósito claro y uno está enamorado de ese propósito, los productos o servicios dejan de ser lo más importante, porque muchos de ellos son temporales o se agotan, pero la organización no puede agotarse con el fin de un producto. Todo lo contrario: debemos pivotear, innovar y crear nuevos productos o servicios que sigan fortaleciendo ese propósito.
Cuando tengo un propósito personal y logro alinearlo con el de la organización, inevitablemente debo garantizar el cumplimiento de las metas, porque son ellas las que aseguran la sostenibilidad de la empresa.
R.D.: ¿Cómo están transformando las nuevas generaciones la forma de entender el propósito en el trabajo? ¿A que le encuentran mayor sentido hoy?
E.M.: Las nuevas generaciones buscan algo más que estabilidad o dinero. A diferencia de los modelos antiguos, hoy los jóvenes quieren empleos que despierten pasión, coherencia y crecimiento personal. Son ciudadanos globales que necesitan sentir que su trabajo tiene impacto. Las empresas que logran ofrecer esa conexión son las que atraen y retienen el mejor talento.
R.D.: ¿Qué deben hacer las empresas para atraer y retener talento joven?
E.M.: Deben ofrecer salarios emocionales: tiempo, autonomía, libertad y espacios para desarrollarse. Hoy las personas valoran más la calidad de vida que el dinero. Las organizaciones que promueven ambientes de aprendizaje, creatividad y disfrute logran equipos más comprometidos y productivos. Un trabajo con propósito se convierte en un espacio fértil para crecer.
R.D.: ¿Qué prácticas recomienda para que un empresario descubra o redescubra su propósito?
E.M.: Para que un empresario descubra o desarrolle su propósito, debe buscar motivos personales que, a lo largo de su historia, le permitan identificar dónde puede agregar valor a la sociedad, a quién puede servir y qué situaciones le generan molestia o indignación. Tal vez se pregunte por qué ciertos negocios siguen funcionando de una manera inadecuada, por qué no existen determinadas soluciones o por qué debe enfrentar fricciones que él podría resolver de forma diferente. En esas inconformidades puede encontrar una oportunidad para generar valor.
También puede surgir del dolor o la pérdida. Cuando una persona ha experimentado sufrimiento y decide aliviar ese mismo dolor en otros, ya sean personas u organizaciones, empieza a descubrir su propósito y el lugar donde puede agregar valor. Cuando logramos brindarle alegrías a las personas o a las empresas, o eliminarles dolores que también tienen relación con nuestra propia historia, empezamos a generar sentido. Quizás un empresario diga: “No puede ser que tenga que hacer filas tan largas en este lugar”, y a partir de esa frustración decida crear una fintech diferente para evitar las fricciones de los bancos tradicionales. Ese tipo de movimientos permite encontrar valor compartido y, cuando compartimos valor, esa es la mejor forma de apropiarnos también de una parte de él.
R.D.: Si tuviera que dar tres claves para construir una vida empresarial más significativa, ¿cuáles serían?
E.M.: Para construir una vida empresarial más significativa, es necesario desarrollar una sensación de logro, un mindset (Mentalidad) orientada al crecimiento. Esto significa avanzar, crecer y sentirse en evolución constante.
También se requiere un mindset axiológico, es decir, una mentalidad enfocada en los valores: reconocer dónde está lo valioso, cómo se construye y cómo se comparte. Ese valor debe ser capaz de generar alegrías y disminuir los dolores dentro de la sociedad.
A ello se suma un mindset experiencial, que consiste en disfrutar el proceso, contagiar el gusto y la alegría por trabajar, entendiendo que el trabajo dignifica la vida humana. Finalmente, un mindset de contribución, reflexionar sobre cuál es mi legado, qué puedo dejar a las nuevas generaciones, a mi familia empresarial, a la sociedad o al mundo.
R.D.: ¿Cuál ha sido su mayor aprendizaje al trabajar con líderes y empresarios en este camino hacia el propósito?
E.M.: He aprendido que la forma en que entendemos el trabajo depende de nuestras creencias. Si creemos que es un castigo, lo vivimos con sufrimiento; si lo vemos como una oportunidad, trabajamos con entusiasmo; y si lo consideramos un regalo, lo hacemos con gratitud. También entendí que el trabajo no tiene por qué ser sinónimo de estrés. Pasamos gran parte de la vida trabajando, así que hacerlo con sentido debería ser una prioridad.
R.D.: Finalmente, ¿qué mensaje le dejaría a los empresarios santandereanos?
E.M.: Recordar que, con suerte, la vida nos da unas 4.200 semanas. El tiempo es nuestro inventario más valioso y debemos decidir en qué lo invertimos. No se trata de sufrir, sino de disfrutar el juego. La vida, como un electrocardiograma, solo tiene sentido cuando hay movimiento. Si todo fuera plano, estaríamos muertos. Vivir con propósito es mantener encendido ese pulso.